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Crisis y Educación

De todos es sabido que la crisis financiera y, por asociación, la crisis laboral, se encuentra posiblemente en uno de sus peores momentos sin vísperas de resurgir a corto plazo, pero esto no debe de entenderse como un muro donde chocar de cara a la formación y el entendimiento que supone desarrollar determinas actitudes y aptitudes ante una situación nada favorable como la que nos acontece. Quizás,  estas desavenencias económicas, que colapsan el desarrollo intelectual y profesional de la persona abocándola a un “sin retorno” del camino natural a seguir como trabajador, deba ser un aliciente que le permita explorar nuevos campos enfocados al dominio del cien por cien de su capacidad para, de este modo, poder acceder a esos pocos puestos de trabajo limitados generalmente a especificaciones académicas, laborales y de experiencia.

Se debe entender pues que ante la adversidad lo ideal es crecer traspasando los limites que tenemos establecidos en nuestra educación entendiendo que esta no tiene fin y solo se complementa con distintos estadios dentro de la misma.

Es la conducta y la dedicación que se quiera tomar en cada momento la que determina la vía más acorde con nuestra formación y en este sentido los cursos y masters que se ofertan en la actualidad pueden simplificar las irregularidades que la gran mayoría de las personas encuentran de cara a la integración laboral.

Bien es sabido que la formación universitaria en ciertos aspectos puede resultar insuficiente ya que difícilmente puede condensarse en un grado de cuatro años cuantas competencias se necesitan, es ahí donde la formación específica adquiere valor. Una vez definida la línea formativa a seguir, esta debe alimentarse de un aprendizaje dinámico y actual. La red y las nuevas tecnologías nos brindan la oportunidad de ejercer distintas actividades de manera simultánea pudiendo combinar la actividad laboral con pequeños cursos de apoyo, y del mismo modo, y en base a la variedad de perfiles que existen, la dinámica de aprendizaje se ajusta literalmente a las necesidades de cada uno.

En definitiva podemos determinar que según la  actividad actual de la persona y por ende la mayor o menor disponibilidad de tiempo, esta se puede formar de manera autónoma en distintos grados, desde algo elemental y enfocado a la actividad que desempeñe, a  un termino medio de cara a ampliar nuevos horizontes , o,  la formación absoluta de nuevos campos aun por explorar y exentos de la formación inicial de cada persona.

Lo que sí es seguro es que la educación y la formación no deben ser una obligación, sino una herramienta inherente de cada uno con un enfoque claro, el desarrollo personal y multidisciplinar en cuanto a conocimientos se refiere.

Eduardo Salamanca

Diseñador